Un buen día decidí abandonar mi vida y mi trabajo de arquitecta en Shanghai para volver a mi San Sebastián natal y aportar mi granito de arena al mundo emprendiendo Amarenak.
Tras una campaña de crowdfunding, empecé a diseñar y confeccionar las primeras chaquetas kaiku actualizadas bajo tres premisas que siempre me acompañan: tejidos naturales, km0 y unidades limitadas.
Aún hoy, el kaiku es la seña de identidad de la empresa y la que nos ha permitido llegar a personas de más de 15 países en 3 continentes diferentes en 2 años.