Durante siglos, el lino fue uno de los tejidos más importantes del País Vasco.
Su proceso —desde la siembra hasta el tejido— era largo, exigente y profundamente ligado al trabajo de las mujeres. No solo era un material: era parte de su vida, de su economía y de su autonomía.
Con él se confeccionaba el ajuar, especialmente la ropa de cama que se preparaba para la boda. Bordada a mano con cenefas azules, cada pieza reflejaba la dedicación, la habilidad y el valor de quien la hacía.
El día de la boda, ese ajuar se mostraba. Y en esos bordados se podía leer algo más que un diseño: una historia, una identidad.